Comentario al texto de Cocco y Negri sobre el « quilombo argentino »

Quisiera volcar a la lista algunos comentarios con relación al articulo de
G. Cocco y A. Negri referenciado en el proceso argentino.
Se trata de reflexiones complementarias algunas, divergentes otras,
enmarcadas siempre en el contexto teórico de la autonomía. Debo rescatar el
aporte sustantivo que dicho trabajo entrega, más allá de las diferencias que
a continuación manifiesto, algunas de ellas referidas a interpretaciones y
afirmaciones políticas.

El texto de Cocco y Negri se articula sobre los siguientes puntos:

a- Otorgar al movimiento de multitudes argentino una particular influencia
sobre Porto Alegre 2002. Dicha influencia se basa en una lectura política
del movimiento que no se apoya ni sustenta en la idea de la soberanía; en
tal concepción la multitud argentina oficia de contenido y el Imperio de
continente. Volveremos sobre esta idea fuerza luego.

b- Enumera cuatro rasgos constituyentes del proceso argentino

b-1 la reacción de las multitudes en argentina vendría a probar que la
disolución de la relación salarial canónica fordista no implica el inmediato
debilitamiento de los movimientos sociales contestatarios a dicha política
del capital. Sobre esta tesis se monta otra, aún más importante, que
visualiza en el caso argentino la confluencia entre el trabajo de la
multitud y la política de la multitud. Luego haremos nuestro comentario
sobre estas ideas.

b-2 la crisis habría sido generada por la incapacidad de las políticas
neoliberales oficiales para gestar y consolidar un nuevo espacio público de
cooperación social donde asentar el crecimiento y la productividad del
trabajo inmaterial, base del nuevo tipo de valorización capitalista. Lejos
de ello las políticas oficiales impulsaron un proceso inverso tras la
privatización de los servicios públicos y la exclusión social que esta
dinámica generaba. La confluencia de las luchas de los piqueteros y las
asambleas vecinales (clase media) es explicable a partir de que ambos
constituyen las caras de una misma composición técnica del trabajo, el
trabajo inmaterial. La política del comando capitalista exige hoy la
movilización, aunque sin reconocerlo, del trabajo inmaterial. La forma de
control capitalista del trabajo deviene hoy en la flexibilización y el
desempleo como caras de la misma política.

b-3 la dinámica del movimiento argentino demostraría, bajo las nuevas
condiciones ontológicas del trabajo, la coincidencia entre el trabajo y la
política de la multitud. La política de la multitud, alejándose de toda
relación dialéctica capital-trabajo, es constitutiva del trabajo de la
multitud y viceversa. (producción como producción de formas de vida)

b-4 el proceso habría puesto de manifiesto la relación de las dimensiones
constituyentes de la política de la multitud, las cuestiones que ligan el
trabajo de la multitud a las cuestiones de la democracia y la moneda. Los
trabajadores inmateriales de Bs. As. afirmaban el espacio material de la
democracia desafiando al estado de sitio.

Una primera observación divergente. El movimiento de movimientos argentino
no asumió características de multitud dentro del imperio. La defensa de la
soberanía nacional, la necesidad de su recuperación, así como las adhesiones
a la instrumentación de políticas públicas activas acercan las propuestas
políticas del movimiento a las viejas posiciones nacional populistas de
izquierda antes que a la prefiguración de los movimiento globalófilos
anticapitalistas. El movimiento sigue preso de posturas propias de las
políticas nacionalistas de antiglobalizaciòn y son esencialmente
estatalistas. Y esto ocurre a pesar de su comportamiento de multitud en el
enfrentamiento político con el poder constituido. En esto deviene, en todo
caso, la anomalía argentina. Los diversos programas a los que adhieren tanto
las organizaciones de piqueteros como las asambleas vecinales se estructuran
alrededor de la distribución del ingreso, la recuperación de las funciones
del estado benefactor, las políticas públicas activas, el no pago de la
deuda externa y la reivindicación de la soberanía nacional, así como la
nacionalización de la banca. El último congreso de la CTA (central sindical
nacional alternativa de izquierda y que controla importantes sectores
piqueteros) realizado el 14 y 15 de diciembre ha aprobado un programa de
liberación nacional y social.

La consigna de « que se vayan todos » es expresión de la crisis de la relación
salarial fordista en la medida en que su cuestionamiento y debilitamiento
implicó también el debilitamiento y cuestionamiento de todos los mecanismos
de representación política propios del estado fordista. El poder de comando
del capital en sus intentos de control del trabajo terminó construyendo
espacios de ingobernabilidad política. La consigna debe ser interpretada
como la deslegitimación social en acto del conjunto de la burocracia
política argentina que incorporó, en un primer momento y durante un tiempo
prolongado, a los propios partidos políticos de la izquierda argentina. De
cualquier manera este es un proceso que debe ser visto como tal, como
proceso cambiante, en evolución, no como punto de llegada estático, ya que
dos meses antes esa misma multitud había legitimado en las urnas a la misma
burocracia política que rechazaría luego. Es probable incluso que en unos
meses más vuelva a legitimarla en las próximas elecciones de abril de 2003.

No cabe dudas que la dinámica que asumió el proceso argentino tiene
características inusuales e inéditas en la historia política nacional. Y
coincidimos por eso en calificar como multitud al sujeto político activo.
Tampoco caben dudas acerca de cómo la multitud construyó su propio espacio
democrático en la dinámica de enfrentamiento con el poder capitalista.

Que la disolución de la relación salarial fordista no implicara
necesariamente el debilitamiento de los movimientos sociales parece ser un
punto sustantivo de reafirmación de la concepción autonomista basado en la
inversión del punto de vista de clase, ya sustentado por Tronti . Pero esta
disolución no ha implicado la desaparición, como se afirma, del proletariado
fabril fordista ni tampoco que la política del menemismo haya significado el
debilitamiento de la burocracia sindical de los gordos. Por el contrario,
los gordos se constituyeron en aliados importantes del neoliberalismo, quien
se apoyó en ellos para desarrollar las políticas de flexibilización y
disminución de las plantillas salariales. En definitiva se constituyeron en
un factor importante de apuntalamiento de las políticas neoliberales
conformando un sindicalismo empresario favorecido por las políticas de
privatización. ( no son pocos los servicios de generación y distribución
eléctrica privatizados en el interior del país que se encuentran en manos de
la Federación de Trabajadores de Luz y Fuerza) Si bien su desprestigio
social es grande, por lo que carecen de capacidad de movilización social, se
han convertido en una importante fuerza lobbista manteniendo aún el control
de los trabajadores automotrices, metalúrgicos, de transporte , de servicios
privatizados entre otros.

Me resulta improcedente el intento de comparación del proceso argentino con
el vivido ante la implosión de la URSS y los países del este.
¿ A que se refieren con la « inexistencia en los países latinoamericanos de
las libertades, de la innovación y la invención necesarias para el
desarrollo del posfordismo »; ¿se refiere a la supuesta inexistencia o falta
de desarrollo de la sociedad civil que tendría su contrapartida en « el
fuerte control estatal » ? No parece que haya sido este el caso de nuestro
país ni tampoco el de los países latinoamericanos a pesar de sus
especificidades. Creo sí, que ese análisis es más apropiado para los países
del este, lectura que no puede extrapolarse a latinoamérica.
Tampoco existieron en el caso argentino demandas que pudieran asociarse a
una ruptura de privilegios de la relación salarial fordista y sobre las
cuales la política neoliberal hubiera alcanzado alguna hegemonía. Los
transitorios consensos alcanzados por el menemismo pueden sintetizarse en el
famoso slogan « roban pero hacen » asentado en un mayor grado de
universalización de los servicios básicos, su modernización, la estabilidad
de los precios y, fundamentalmente, la superación del terror inflacionario
que había asolado la sociedad argentina. Todas estas cuestiones no tienen
puntos de contacto con los privilegios fordistas.

Se afirma que la crisis de la relación de servidumbre (¿?)(servidao; ¿cual
es el contenido de la relación de servidumbre?) pudo gestar espacios de
libertad mucho mayores que la crisis del trabajo asalariado, de donde se
sigue que la multitud argentina « se afirmó como el contenido de la
globalización ». Afirmación asentada en « a pesar de la inexistencia de las
tradicionales relaciones sociales basadas en el empleo formal y
sindicalizado ». Este supuesto político es erróneo en la medida que desconoce
la historia de los ciclos de lucha argentinos ( 60’s, 70’s y 90’s cuando
las privatización de los servicios públicos) que se asentaron en una larga
tradición sindical de fábrica (o de servicios) Por lo demás, los espacios
de libertad generados por luchas como las del Cordobazo adquirieron grados
de potencialidad política cuando menos similares a los de diciembre pasado.
No podemos desconocer las peculiaridades de la historia política argentina.

La confluencia social asentada en la composición técnica

La categoría composición técnica designa, para el autonomismo, precisamente
el perfil técnico que asume una determinada composición de clase; asentada
fundamentalmente en las características materiales del propio proceso de
producción. Mientras que la composición política hace hincapié en los
aspectos organizativos y subjetivos que le dan una impronta particular a la
composición de clase. Debe tenerse en cuenta que ambas categorías no pueden
ser analizadas de manera independiente una de otra.
Creo acertado el análisis de los desencadenantes de la crisis: la
incapacidad del neoliberalismo para poder constituir un espacio público de
cooperación sin el cual el desarrollo del trabajo inmaterial se vuelve
inviable. Esto es, que los esfuerzos realizados por promover una mayor
universalización de los servicios no fueron suficientes. Cierto es también
que el nuevo poder de comando del capital exige la flexibilización salarial
y que el desempleo masivo puede y debe ser visto como los intentos del
capital por recuperar el control sobre el trabajo. Sin embargo, no me parece
correcto calificar al piquete y los trabajadores inmateriales de Buenos
Aires como las caras de una misma composición técnica. En todo caso, son
producto de una misma política pero no de la misma composición técnica. Esta
digresión es importante por cuanto, afirmar que se comparte la misma
composición técnica permite sustentar la tesis de la confluencia política
entre ambos movimientos disímiles. Me parece más adecuado pensar la
confluencia alcanzada en términos de los puntos de tensión particulares
alcanzados por el desarrollo de la crisis. Cierto es que hasta diciembre
ambos movimientos tendían a discurrir de manera paralela, con miradas
recelosas y de desconfianza entre ellos. Unos, los piqueteros desempleados
lanzados a la mayor de las precarizaciones y a la pobreza; los otros, con un
desencanto palpable frente a las políticas neoliberales que los ponía
peligrosamente en la antesala potencial de la precarización y el desempleo.
La confluencia de ambos movimientos, su mutuo reconocimiento, fue posible en
las calles al encontrar un enemigo común: unos, por la pobreza a la que los
había arrojado y la falta de horizonte; los otros, por la expropiación a que
se los había sometido y el peligro latente del desempleo.

Por lo demás, la composición del movimiento piquetero es realmente
particular. Engrosado por los clásicos desempleados del conurbano de Bs As.
A los que se sumaron los nuevos desempleados lanzados a una absoluta
pobreza, con viviendas precarias, sin acceso a la salud y mucho menos a la
educación, constituyen la cara más brutal y violenta de la reestructuración
capitalista. Actualmente la gran mayoría del movimiento piquetero salvo
algunas particulares excepciones (Aníbal Verón) está dirigido políticamente
por las distintas variantes de los partidos tradicionales de izquierda:
desde el clásico Partido comunista, pasando por la variante trotskista de
Política obrera o del MST, la del neostalinismo chino del PCR e incluso por
alguna variante del Partido peronista ligada a la CTA (ya mencionada) Como
era de esperar, las Asambleas vecinales núcleo de organización de los
trabajadores inmateriales (s/ Cocco y Negri) también se han visto
debilitadas; sometidas a una desgastante gimnasia política y organizativa,
ya no tienen ni la fuerza ni la masividad de cinco meses atrás.

Finalmente coincido plenamente en una lectura de multitud como clase a
partir de nuestra adhesión a la concepción thompsoniana de que la clase se
constituye en la lucha, en su disputa con el capital.

Para una ampliación de las posiciones sustentadas ver.

http://www.lainsignia.org/2002/septiembre/ibe_026.htm

http://www.lainsignia.org/2002/septiembre/ibe_098.htm