Entrevista al Colectivo Situaciones

Bs-As/Madrid:Septiembre del 2002Preguntas:
I
A raíz de la insurrección de los pasados 19 y 20 de diciembre de 2001 en
Argentina, consideráis que estamos ante «un nuevo protagonismo popular»,
que se expresa como multitud y contrapoder. ¿Se trata, a vuestro juicio,
de un genérico momento insurreccional o bien advertís elementos fuertes
de innovación política y subjetiva? De ser así, ¿cuáles son los
principales rasgos de la fenomenología del proceso abierto en los días
19 y 20?

II
Sin poner en suspenso el carácter de acontecimiento sísmico en la vida
y las disposiciones de variadísimos actores sociales en Argentina
representado por el 19 y 20, ¿podéis trazar algunos de los elementos
genealógicos (enunciados, figuras productivas, trayectorias de luchas,
máquinas organizativas) que ayudan a comprender lo que está sucediendo
en la actualidad?

III
Lo que concebís como protagonismo de la multitud coexiste con un
régimen extraordinariamente deslegitimado, cuyo gobierno encabeza
Duhalde desde la crisis de diciembre y que vive prácticamente al día.
¿Cómo está influyendo este factor de la coyuntura que vivís en las
direcciones que emprenden los procesos de construcción de los
contrapoderes y/o de una nueva institucionalidad no estatal? ¿Están
incidiendo estos contrapoderes en las dimensiones cabalmente
«biopolíticas» (esto es, que atraviesan ámbitos no sólo considerados
tradicionalmente productivos, sino que intervienen en la producción
cooperativa de los afectos, los saberes, la sanidad, la educación,
las tecnologías, las formas de vida) de lo social?

IV
La temática del éxodo no es ni mucho menos ajena a la historia de
Argentina. Si nos es dado considerar que Argentina es inviable como
Estado-nación y que, por lo tanto (un proyecto de soberanía nacional,
por más tintes socialistas e internacionalistas que contuviera) supone
una vía muerta, ¿cuál es la geometría de la hostilidad que se abre a los
contrapoderes? Si dejamos de lado la hipótesis de una modificación
represiva y militar de la forma de gobierno, ¿cuál es, a vuestro juicio,
la relación entre constitución alternativa de los contrapoderes y
desestructuración de las articulaciones de poder estatal,
administrativo, financiero, mediático a las que han de enfrentarse? Si
no se trata de levantar a la nación, al pueblo contra el Estado, ¿cómo
estimáis que la prolongada irrupción de contrapoderes, deserciones y
desobediencias en Argentina puede reproducirse (si tenéis en cuenta las
formas justamente «imperiales» de los poderes globales) como tal, sin
someterse a una teleología que acabe, en el mejor de los casos, en una
dialéctica de construcción sobredeterminada por el problema del gobierno
y el Estado? ¿Cabe imaginar otra manera del « éxodo argentino »?

V
En el último Foro de Porto Alegre la «cuestión argentina» no mereció
toda la atención urgente que merecía, sobre todo en lo que respecta a la
discusión entre distintas componentes de la nueva militancia global.
¿Veis practicables a corto plazo alianzas, constelaciones regionales o
globales de luchas que conecten los tiempos y las temáticas de vuestro
proceso con otros movimientos? ¿Con qué formas, procedimientos,
contenidos? ¿Sirven las «contracumbres» para ese tipo de deliberación?

VI
Por último, ¿en qué está consistiendo vuestra intervención como
colectivo en los procesos de lucha y cooperación de las multitudes
argentinas?

Respuestas
Antes que nada queremos decirles que esta es la primera vez que participamos de
una entrevista. Las razones son varias, pero fundamentalmente dos: el poco
interés que hasta ahora hubo en entrevistarnos a fondo y, por otro, el hecho de
que el Colectivo Situaciones, como tal, no perpetúa su consistencia más allá de
su trabajo de investigación militante y, por tanto, no se constituye como un
sujeto con opiniones sobre cada tema de interés general. De allí las
dificultades que encontraremos, seguramente, para responder algunas de las
preguntas y, además, para relacionarnos con el propio género de la entrevista.

La metodología que hemos empleado, entonces, fue juntarnos a discutir cada una
de las preguntas ˆque nos han resultado complejas, difíciles de trabajar-. Para
lidiar con esta ardua tarea, nos hemos tomado la libertad de organizar las
respuestas según nuestras propias necesidades de exposición: lo que siguen son
nuestros intentos de respuesta.

La otra aclaración metodológica que queríamos anticipar es sobre el lenguaje y
las categorías, en fin, sobre el estilo de enunciación y las tradiciones
intelectuales que se evidencian en sus preguntas: indudablemente compartimos
preocupaciones y lecturas pero, a la vez, es nuestro empeño conservar un rasgo
diferencial capaz de dar cuenta de la singularidad de nuestra historia y
circunstancias. No se trata simplemente de un gesto por mantener una
„identidad‰, sino de nuestro esfuerzo por no abandonar el pensamiento en
situación. Y, como dice un amigo de aquí, de Buenos Aires, en el pensar
situacional no hay categorías (con las que el sujeto designa su objeto), sino
nombres (interiores a la situación).

I
En nuestro libro 19 y 20. Apuntes para el nuevo protagonismo social presentamos
un conjunto de ideas que veníamos trabajando desde el origen del colectivo
mismo, y que se han ido enriqueciendo con investigaciones prácticas (con
asentamientos, movimientos piqueteros, asambleas, escuelas alternativas, los
H.I.J.O.S de desaparecidos y organizaciones campesinas), pero también con
compañeros y colectivos de Argentina, de otros lugares de América Latina y de
Europa, con quienes sostenemos discusiones regulares.

De hecho, hace unos años hemos anticipado algunas de estas ideas en un escrito
ˆel Manifiesto de la Red de Resistencia Alternativa- que habíamos elaborado
junto al Colectivo Malgré Tout de París.

Pero, en general, nuestras lecturas y experiencias, en fin, nuestras influencias
son muchas y respetamos su eclecticismo.

Entrando de lleno en la primer pregunta, nos animaríamos a afirmar que el nuevo
protagonismo no es ˆcomo pudiera desprenderse de la forma en que realizan la
pregunta- un efecto mecánico o un producto directo de la insurrección. De hecho,
la experiencia de las luchas piqueteras ˆpor poner un ejemplo entre otros
posibles- es muy anterior.

En el libro explicamos en qué sentido utilizamos la expresión insurrección: para
dar cuenta de una pueblada de nuevo tipo, en la que no hubo líderes, promesas,
organizaciones centralizadas ni programas al frente de las multitudes
callejeras. La insurrección de diciembre fue una insurrección destituyente
respecto a los poderes políticos instituidos ˆy de la misma relación de
representación política-, al punto que la consigna general del movimiento
insurreccional es: „que se vayan todos, que no quede ni uno solo‰.

El efecto más contundente de la insurrección fue, en este sentido, el de
visibilizar la existencia y el desarrollo de un contrapoder anterior y extendido
a lo largo de todo el país. Ese contrapoder, que no siempre se reconoce como
tal, y que posee un carácter esencialmente múltiple, heterogéneo y no
articulado, se hizo presente en toda su potencia al ritmo de una crisis
furibunda que, sin embargo, no explica totalmente su emergencia.

Nuestra hipótesis es que la insurrección tiene un doble sentido: el de decir
„no‰ a la modalidad capitalista del hacer ˆpolítico y económico- a la vez que el
de comenzar a producir categorías y mentalidades capaces de percibir las
características de este nuevo protagonismo.

Nosotros hacemos una diferencia entre este nuevo protagonismo y la noción de
multitud para evitar confusiones originadas en las recepciones „académicas‰ y
puramente ideológicas de las teorías radicales de la autonomía italiana; sobre
todo, luego de que Imperio se constituyera en un best seller mundial y en una
moda, lo cual tuvo como efecto ˆpor lo menos en Argentina- que sea leído más
como texto al que adherir o repudiar, antes que como una talentosa provocación
al pensamiento.

Sucede que nuestra forma de trabajo no consiste tanto en partir de categorías
teóricas para ver luego si se constatan o no en la práctica, sino en pensar en
-y con- prácticas para, a partir de allí, convocar, seleccionar o crear, según
sea el caso, conceptos operativos para pensar en situación.

Podemos diferenciar, entonces, entre dos cuestiones: a- la idea de un nuevo
protagonismo y b- qué es lo que ha sucedido, desde esta perspectiva, los días 19
y 20 de diciembre de 2001.

Con respecto a lo primero, podemos concebir al nuevo protagonismo social como
una forma -algo esquemática pero útil- de referirnos a las estrategias de
subjetivación contemporáneas; es decir, aquellas que trabajan en un contexto
radicalmente alterado por la experiencia de las formas políticas más o menos
clásicas y por las nuevas formas de la dominación en curso y que poseen algunas
características genéricas como la propensión a la autonomía respecto del estado,
del mercado y de los partidos, la acción directa, la socialización
autogestionada y horizontal, la escala situacional del pensamiento, etc.
Desplegar todo esto nos llevaría muy lejos. Digamos, por ahora, que a diferencia
de lo que comúnmente se entiende por multitud, la noción de nuevo protagonismo
pretende dar cuenta del carácter situacional de la nueva radicalidad política.
Es decir, abandonar el registro de la filosofía política ˆpor general y
exterior- para identificar los puntos de potencia que anidan bajo el régimen de
lo singular en situaciones concretas. Situación es, precisamente, una noción de
doble aspecto: „categoría‰ desde afuera ˆes decir, desde la filosofía- y
„nombre‰ ˆposible- desde dentro.

Con respecto a „los hechos‰, podemos hacer una síntesis más o menos aceptada por
los protagonistas (a partir de los testimonios y publicaciones existentes hasta
el momento) del evento insurreccional, pero a sabiendas de que una auténtica
insurrección -como la de diciembre- es un hecho de masas y, por lo tanto, vivida
y contada desde tantos puntos de vista como protagonistas hubieron (y no de
acuerdo al punto de vista privilegiado de vedettes y figurones).

Para ello podemos partir de un contexto de crisis institucional (minoría del
partido de gobierno), crisis de legitimidad (rechazo de los partidos y
dirigentes políticos, niveles altísimos de corrupción pública y privada), crisis
política (de hegemonía, por imposibilidad de producir un proyecto integrador de
país), crisis económica (por aplicación del neoliberalismo y destrucción del
aparato productivo), crisis financiera (de pago de la deuda y de cambio de
flujos desde la periferia al centro) y crisis social (desocupación récord,
precarización laboral y la superveloz desestructuración -vía privatizaciones-
del compromiso social sobre el que se sostuvo el estado de bienestar social y
sus prestaciones de servicios, básicamente de la salud y educación pública).

Paralelamente a la conformación de este panorama de colapso generalizado
(precedido por el ciclo de explotación salvaje iniciado con la última
dictadura militar ˆ1976/83-) surge un sinnúmero de luchas (las Madres de Plaza
de Mayo en un principio y luego la agrupación H.I.J.O.S., las luchas obreras
contra las privatizaciones, las luchas indígenas, campesinas, de los
trabajadores desocupados ˆpiqueteros-, los trabajadores de la salud y la
educación, las luchas estudiantiles, las puebladas del interior del país), de
experiencias de economía alternativa ˆfundamentalmente las redes del club del
trueque- y prácticas de educación y salud también alternativas.

Pero estas densas redes sociales no eran percibidas, hasta diciembre del 2001,
como lo que eran: la socialización de un hacer práctico, la base del desarrollo
de un auténtico contrapoder. Y sin embargo, al interior de estas experiencias se
venía haciendo un proceso de elaboración muy intenso sobre la ineficacia de las
formas tradicionales de la política, centradas en la idea organizadora de la
toma del poder.

El mes de diciembre opera como punto de condensación de todos estos factores.

La historia contada una y mil veces, la que cada uno de nosotros vivió de manera
idéntica a los otros, comienza con los saqueos de los supermercados en los
barrios más humildes, y la operación de los servicios de inteligencia para
generalizar el miedo a las masas „hambrientas‰, y continúa con la decisión del
gobierno de decretar el estado de sitio ˆel día 19- para „imponer el orden‰. Al
discurso presidencial le siguió de inmediato la respuesta de las cacerolas,
exigiendo la renuncia del ministro de economía, figura paradigmática de las
políticas neoliberales en el país.

Las cacerolas se hicieron sentir en todos los barrios de la ciudad de Buenos
Aires. Las calles fueron ocupadas y las multitudes inundaron las principales
plazas públicas de la capital.

El día 20 desde la mañana varios contingentes de jóvenes se negaron a abandonar
la Plaza de Mayo, ubicada frente a la Casa de Gobierno, dándose inicio a una
verdadera batalla entre las fuerzas represivas y quienes se decidieron a
defender la plaza. Fueron unas 10 horas ininterrumpidas de combate callejero
hasta la definitiva renuncia del gobierno nacional en su conjunto. El saldo
oficial de víctimas habla de unos 40 manifestantes muertos en todo el país: la
inmensa mayoría de un promedio de entre 20 y 25 años, ninguno de ellos militante
de partidos políticos.

II
Como efecto de estas jornadas surgen las asambleas barriales, en un comienzo más
de 100 en la ciudad de Buenos Aires y otras tantas en las provincias más
importantes del país. Las asambleas, a casi un año de la insurrección, siguen
vivas. Se han transformado, se han dividido algunas, otras se han dispersado y
la mayoría han visto disminuir la cantidad de participantes pero, como
contrapartida, se ha consolidado en todas ellas un grupo que fue estabilizando
su actividad semanal, desplegando una miríada de actividades que van de las
compras comunitarias de comida para los vecinos a la ocupación y recuperación de
edicificos públicos y privados para el funcionamiento de centros culturales y
comedores populares. Estas asambleas constituyen parte de un proceso de
politización de capas urbanas que han entrado en contacto, en ocasiones, con los
piquetes, los cartoneros, los clubes de trueque, etc.

Por otro lado, experiencias anteriores como los piquetes, los escraches, las
puebladas, las prácticas autogestionadas en el ámbito de la salud o la
educación, los ensayos de economía alternativa y solidaria, la autoorganización
estudiantil, agrupamientos artísticos y culturales, organismos de derechos
humanos e, incluso, los ahorristas , comenzaron a pensarse, por primera vez,
como parte un mismo movimiento múltiple. Así, en estos meses, han emergido como
rasgos comunes: la valoración de la autonomía organizativa, de la
interdependencia horizontal, de una clara idea del conflicto social y político,
una solidaridad aceitada entre grupos que no están llamados a coincidir más que
en enfrentamientos puntuales contra la represión y, fundamentalmente, la
sensación de haber producido ˆempleando para ello el máximo de los esfuerzos-
una apertura y un ir más allá respecto de los saberes y las tradiciones
instituidas del pensamiento y los hábitos de lo social y lo político.

III
La relación entre „resistencias‰ y „coyuntura‰ es difícil. En rigor, desde una
perspectiva situacional, resulta fundamental deconstruir cada uno de estos
conceptos. Tanto uno como otro son representaciones de multiplicidades que no
pueden ser puestas sobre un fondo de coherencia y totalidad sin sacrificar buena
parte de sus potencias.

Con respecto a las resistencias nos interesa la perspectiva de Deleuze:
„resistir es crear‰. ¿Qué es resistir al capitalismo? Antes que nada „crear‰
otra cosa. No se trata de clasificar las luchas y jerarquizarlas según un plan
abstracto que se sostiene en una cierta idea del capitalismo como realidad
global.

En efecto, el capitalismo es hegemónico porque está en todos lados, y no porque
existe afuera, dominando como un enemigo exterior. De allí que las resistencias
puras, clásicas, las luchas que son sólo „contra‰, abstraigan la realidad
incontestable de que el capitalismo opera en circunstancias concretas, y que es
allí donde hay que ser capaz de resistirlo. Si el capitalismo es dominante, es
porque está presente en todos los puntos. Y si es así, es importante admitir que
la resistencia es creación en situación. El capitalismo es global sólo porque
crea un mundo global. Las resistencias son múltiples, porque nacen y se
desarrollan en las circunstancias concretas en que la vida crea y se afirma.

No se trata, tampoco, de negar las „coyunturas‰, sino de verlas como el efecto
de lo que sucede a escala situacional. Un poco como lo quería Althusser: la
coyuntura como corte diacrónico de una totalidad sincrónica, compleja y
múltiple.

Así, las „coyunturas‰ no existen, por sí mismas, en un doble sentido: no
existen sino como representación de tendencias de origen situacional, de un
lado, y, por otro, no son posibles de interpretar sino desde la trama
situacional misma. No hay un punto exterior panorámico para mirar de frente a
las coyunturas.

Una vez dicho esto, nuestra hipótesis es que las coyunturas constituyen la
representación del mapa de las exigencias que cada experiencia de contrapoder
tiene que saber suspender y reorganizar según sus propias capacidades y
recursos. Y que es posible „trabajarlas‰ si somos capaces de interrumpir los
efectos de unidimensionalización del mundo producido por los aparatos políticos
y comunicativos productores de „coyuntura‰, para comprenderla como dinámica
contextual producida por la experiencia misma. Si se es capaz de producir esta
radical reformulación de los términos, es posible que las resistencias logren un
desarrollo acorde a sus posibilidades expansivas.

Finalmente, sostenemos que la coyuntura no puede ser, ni aún en estos casos poco
frecuentes ˆaunque afortunadamente cada vez lo sean menos-, el objeto de las
acciones situacionales. No hay forma de prever los efectos de una acción sobre
la „coyuntura‰. Como corte diacrónico de una estructura múltiple y en permanente
autoconstitución, la coyuntura, como toda imagen de „totalidad‰, es demasiado
compleja como para pretender organizarla.

Al contrario: no hay trampa más previsible que aquella que concibe la política
como gestión y organización de la complejidad. En este sentido, la relación que
vemos entre resistencias y coyunturas es la de una dialéctica sui géneris, en la
que las resistencias pueden producir vectores, tendencias, líneas e hipótesis
que trabajan en esta atmósfera compleja y contradictoria. A esta acción de las
resistencias situadas nos remite la idea de Deleuze.

IV
Se trata de una pregunta aguda y, por lo mismo, muy difícil de responder. En
primer lugar, el estado argentino no ha desaparecido ni se encuentra en vías de
extinción. Sucede que el estado nación en Argentina funcionó como un operador de
integración muy poderoso. Buena parte de las explicaciones de lo que sucede hoy
en nuestro país encuentran un marco adecuado de comprensión si se retiene este
elemento: la meteórica desintegración social producida en sólo una generación
como consecuencia de las políticas neoliberales sostenidas por el mismo estado.

En Argentina ha sido destituido el estado en tanto estado nacional integrador.
Para que se entienda: el estado hoy no cumple algunas de sus funciones clásicas
como, por ejemplo, detentar el monopolio legítimo de la violencia ni el de la
moneda.

Afirmar, como lo hacemos nosotros, que aún así, el estado no está en vías de
extinción tiene la siguiente consecuencia: las experiencias de contrapoder
deberán convivir muchos años con un estado que mantiene capacidades represivas y
de cooptación.

Actualmente, para las experiencias del contrapoder y sus redes de
abastecimiento, de contrainformación y contracultura es fundamental calibrar
esta situación tan novedosa: el estado ya no integra sino excluyendo. Resulta
fundamental retener este aspecto del problema. El contrapoder ya no tiene como
perspectiva posible la lucha por la integración, sino que va tomando la forma de
la autoafirmación de las posibilidades de una marginación subjetiva del mundo de
los valores dominantes.

Lo que se está constituyendo es un nuevo paisaje en el que conviven un estado
neoliberal en quiebra, la consolidación de una basta red mafiosa que controla el
aparato del estado y parte de los medios de comunicación y un contrapoder
creciente y a la vez precario.

Desde el punto de vista del poder capitalista, el objetivo es doble: la tarea
permanente de negociar-reprimir al contrapoder y, al mismo tiempo, reconstruir
poder político. Ambas tareas se implican y dependen de las capacidades del
comando capitalista por lidiar con las redes del contrapoder, de un lado y, de
otro, por subordinar bajo algún proyecto viable a las redes del capital-mafioso
local. Este dilema abarca las modalidades represivas, que cada vez más se
organizan bajo formas mixtas: policiales, parapoliciales, escuadrones de la
muerte y agencias privadas de seguridad.

Desde el contrapoder, pareciera inevitable que se asuma la necesidad de
fortalecer lo que John Holloway nombra acertadamente como la „socialización del
hacer‰: la extensión de vínculos productivos y de experiencias de economía
alternativa. A la vez que se adopta una nueva perspectiva de la relación entre
política y gestión que permita sostener con éxito el vínculo con gobiernos
locales que no se decidan por la represión, sin que esto signifique caer en la
trampa de asumir directamente la gestión de estados municipales ni provinciales.

Lo fundamental, a nuestro entender, es la producción de una temporalidad propia
que permita al contrapoder socializar estas redes del hacer (que abarcan cada
vez más la extensión de una sociedad paralela) a la vez que se elabora una
teoría política interior a la experiencia, capaz de orientar estrategias
exitosas de autodesarrollo en las actuales condiciones.

V
Para ser honestos partimos de admitir que no sabemos bien cuáles puedan ser las
consecuencias de las contracumbres y los foros. De hecho no hemos asistido a
ninguna de estas convocatorias.

Experimentamos por ellos simpatías no exentas de contradicciones internas.

En el caso del Foro de Porto Alegre, sabemos positivamente que tiene un valor
inmenso en cuanto permite encuentros entre experiencias distantes. Pero también
que éste no es un índice exhaustivo para valorarlo, desde el momento en que el
Foro mismo pretende ser mucho más que eso.

Si nos ponemos „serios‰ debiéramos decir -a la manera del „baja-línea‰ de
partido- que ojalá los foros se multiplicasen más de lo que tienden a
concentrarse. Ojalá que no se tendiera a la conformación de „un‰ foro
alternativo, de „un‰ conjunto de puntos para una „globalización justa‰. Y ojalá
más que anunciar que „otro mundo es posible‰ hubiese más énfasis en la
producción actual de otros mundos, los que, claro, no deberían ser
interpretados, ni abarcados ni sintetizados bajo consignas únicas, por bien
intencionadas que éstas sean.

Desearíamos, al contrario, que este esfuerzo por crear „una alternativa‰ a la
globalización capitalista diese lugar al deseo de multiplicidad. Hay un tono
moral en el movimiento por „una globalización justa‰ que nos resulta un poco
ingenuo. Se trata de una paradoja consistente en reunir a personas y
experiencias que no se limitan a esperar y a lamentar el desastre, sino que
desarrollan prácticas activas y nociones críticas y, una vez reunidos, se pasa a
obrar como si sólo fueran personas con „buenas intenciones‰ reunidas para juzgar
lo malo del mundo, para identificarlo y recomendar su extirpación. La paradoja
es, precisamente, que mientras por un lado se experimenta radicalmente la
producción de hipótesis prácticas y valores, por otro, todo acontece según el
querer de un conjunto de buenas intenciones, sostenidas por personas
incuestionables. Se pierde todo aspecto trágico, todo el interés que las
prácticas poseen en sus desarrollos concretos, en su carácter múltiple.

No estamos interesados en hacer de esto una polémica, sino de insistir con que
la resistencia actual posee varios enfoques, y que de nada vale que los grupos
con más recursos y movilidad intenten hegemonizar esta multiplicidad de puntos
de vista y de acciones con „su‰ versión de las cosas.

Recientemente se hizo en Buenos Aires un encuentro del Foro Social Mundial.
Participó mucha gente y se pudieron escuchar todas las voces. Lo interesante
fue, precisamente, esta confirmación de que no será fácil homogeneizar las
luchas, formatearlas, dotarlas de un único punto de vista.

Si hay algo rico en la resistencia actual es la variedad de perspectivas
críticas, y el hecho de que el pensamiento es producido por millones y no por
unos pocos intelectuales y organizaciones coordinadas.

En ese sentido nos sentimos más cómodos con las acciones „desglobalizantes‰ que
con los planteos que sugieren la necesidad de una „globalización alternativa‰.

VI
En este punto admiramos a Nietzsche cuando entendía que toda lucha es una lucha
por atribuirse los valores dominantes, mientras que, creemos, de lo que se trata
es de producir nuevos valores y por eso el trabajo del Colectivo se organiza no
tanto como un actor político orientador de las luchas, estratega y sabelotodo, a
la manera de ese triste personaje que es el militante político clásico, que
sostiene el compromiso como un sacrificio y habita el presente como quien
soporta la oscuridad de la vida en nombre de una promesa de plenitud futura.

El compromiso, en nuestro caso, se desarrolla a partir de la figura del
militante investigador . Se trata de organizarnos a partir de una búsqueda de
los procesos de producción material de valores capaces de transformar de raíz y
desde abajo la sociabilidad actual.

A partir de esta orientación práctica nos vinculamos a las experiencias que,
suponemos, se hallan envueltas en problemas cuya universalidad indica la
posibilidad de producir hipótesis prácticas de alcances revolucionarios.

Trabajamos actualmente con el movimiento piquetero, con campesinos, con los
H.I.J.O.S. de los desaparecidos que hacen los escraches, con los clubes del
trueque y con experiencias de educación alternativa. En menor medida, estamos
ligados a otras tantas experiencias como fábricas tomadas, asambleas, grupos de
estudio y universitarios, sindicales, etc.

El militante investigador, tal como nosotros lo concebimos, no se distingue sólo
del militante político ˆque tiene como tema principal el estado, el poder, la
coyuntura política general- sino también del investigador universitario que, una
y otra vez, acepta someter su trabajo a criterios externos a la investigación
misma, a los requerimientos de la razón burocrática, que lleva constantemente a
afirmar un conjunto de tesis antes de largar la investigación misma.

La investigación militante que realizamos trabaja a partir de preocupaciones
comunes con el resto de las experiencias con las que nos conectamos. Ni se llega
de „afuera‰, ni se practica el „ingreso‰, sino que se intenta hacer caer las
representaciones formales „afuera-adentro‰ para producir un espacio común de
creación y pensamiento.

En este sentido no hacemos recaer nuestro compromiso en ninguna diferencia entre
períodos de lucha y „otros‰: el compromiso de la investigación militante es
permanente y profundamente situacional.